El cuidado fluye naturalmente cuando el «sí mismo» se amplía y profundiza hasta el
punto de sentir y concebir la protección de la Naturaleza libre como la de nosotros mismos… Al igual que no precisamos de la moral para respirar (…) [igualmente] si
nuestro «sí mismo», en el sentido más amplio, abarca a otro ser, no precisamos de
ninguna exhortación moral para evidenciar cuidado (…). Cuidamos por nosotros
mismos, sin precisar ninguna presión moral (…). Si la realidad es como la que
experimenta nuestro ser ecológico, nuestro comportamiento sigue natural y perfectamente
normas de estricta ética medioambiental.
Arne Naess
El hombre, impulsado ante los indefectibles requerimientos de energía, ha ingeniado
formidables infraestructuras para suministrarla desde diversas fuentes. Éste referente
muestra su evolucionar sobre aquellas necesidades que se piensa conciernen a la
subsistencia de la raza humana como especie, al tratar de crear soluciones por
intermedio de la actividad científico-tecnológica, económica, política y social.
No obstante, la normalización del espectro conductual y de la lógica organizacional –
bajo una imperante e inalterada desatención a la densidad del mundo interior humano –
se cosifica al corriente modo del quehacer cotidiano, prescindiendo, la mayoría de las
veces, de herramientas intra–inter y trans–subjetivas, sondables, integradoras y
confiables.
Sus consecuencias son lo que vemos hoy día: inhumanidad, insensibilidad moral,
indiferencia hacia los demás y al sufrimiento del otro, daño al medio ambiente; los
estragos de la ignorancia, el egoísmo y la codicia, raíces de dramas contemporáneos
que conllevan la corrupción, el terrorismo, el calentamiento global, la xenofobia, la
migración, el racismo, el sexismo, la homofobia y todo tipo de intolerancia y violencia.
Se ha instaurado, pues, una cada vez más creciente propensión a desatender,
desconocer, desvalorizar, excluir y relegar con marcada insustancialidad, dejadez e
impericia, los procesos que componen la cosmovisión y realización práctica de lo que
en el CEFIDH hemos denominado la Integridad de Vida. Dicha integridad habría de
acontecer, por su propia naturaleza, como una acción consciente, cultivada y
habilitante de dignidad y desarrollo humano integral, determinantemente articulada al
logro de los objetivos legítimos de las organizaciones humanas y de la gestión del
desarrollo. Revertir tal contradicción constituye nuestro cometido.
En el CEFIDH, C.A. consideramos impostergable proporcionar prioridad y coherente
resolución a las exigencias culturales, educativas y estratégico-productivas del mundo
global, relacionadas con el establecimiento de cauces y afluentes sólidamente válidos y
confiables para la expresión del espíritu de las personas y los colectivos, en consentida
práctica de autorregulación analítica y convivencia humana/medioambiental, ilustrada,
compasiva e incluyente.
La época contemporánea revela tendencias tanto disolventes como sobre-tematizadas,
que rayan en charlatanería, vacuidad y mediocridad, respecto a un principio que debe
ser preeminente al valor y robustez del ánimo, al raciocinio, la socialidad y vida moral,
cual es ser persona humana: centrada experiencia de ser persona, hermanada al ser
del otro y al medio ambiente, en la búsqueda de ser útil y ser más, en modo fundante
del conocer, hacer, hacerse, dentro de los diversos contextos.
Sin embargo, se constata la tendencia global a desatender los fundamentos de la
actividad inmanente del espíritu humano, tanto en espacios vitales del sujeto, como en
directrices e intervenciones de desarrollo económico y social o en diversos ejercicios
políticos y de autoridad relativos al progreso, la libertad y la búsqueda de la felicidad.
No es de por sí el discurso el que enajena, sino su centralismo vertical y su exclusión de
toda visión que no privilegie valores pragmáticos.
Esto obstruye la comprensión de cómo los distintos sujetos implicados interpretan los
factores ético, afectivo-cognitivo-volitivo, mental, corporal, comunicativo, vocacional,
histórico-contextual, étnico, epistémico, existencial, jurídico, ecológico, lúdico, estético y
místico; transversales en los itinerarios de acción y objetivos planteados. Esto suprime, a
su vez, la posibilidad de dimensionar, con capacidad integradora e integridad
superior, el afrontamiento de los problemas, desafíos, tensiones y potencialidades
existentes en nuestro mundo.
Sobre las esferas mencionadas podremos señalar los siguientes elementos de diagnosis
general sobre los que trabajamos, que se contextualizan de acuerdo a las necesidades
y problemas a los que somos convocados por nuestros clientes:
Escasa ambición por interrogar y fundamentar la calidad moral y valores de
nuestras acciones así como la vida social.
Poca inteligencia para el manejo del mundo emocional.
Desconocimiento práctico de los aspectos psicológicos del desarrollo en lo
biológico y físico, cognitivo y psicosocial.
Descuido de las actividades: intelectiva, intuitiva, sentiente, imaginativa,
reflexiva, crítica y creadora del pensamiento, en cuanto capacidad de juzgar lo
que se hace, pensar sobre la acción, pensar en lo que hacemos.
Necesidad de trabajar la reapropiación de sí para ejecutar, con el tamiz de la
integridad, lo pensado y lo juzgado, y cuya voluntad permita, a su vez, forjar la
manera de ser y el carácter.
Omisión de la atención a las fuerzas y dinámicas intra-psíquicas que configuran
al sí mismo en determinadas conductas.
Necesidad de atención y ocupación a la cultura pico-física.
La ineludible dedicación a la comprensión del uso del lenguaje, a los modos de
interpretar y producir discursivamente el mundo de experiencias; a la capacidad
de deliberar, examinar y examinarse a sí mismo; reflexionar, discutir y debatir,
además de negociar argumentos y contra-argumentos; pensar en las razones por
las que se es proclive a apoyar una cosa en lugar de otra, donde cada uno
asuma la responsabilidad de su propio razonamiento e intercambie ideas con
otros en una dinámica de diálogo y de respeto mutuo a la razón.
Frustración e improductividad por errática escogencia de carrera profesional.
Inexistencia de una pedagogía social del cuidado permanente del pensamiento,
en función de deliberar sapiencialmente y razonar en común los acontecimientos
socio históricos, políticos, económicos y culturales, así como sus problemas más
apremiantes.
Indebida comprensión e interpretación, en la efectuación de programas de
desarrollo e intervención social, del modo general de conocer, ser y
relacionarse, concebir el hombre, el mundo y la vida, que subyacen en el
mundo vital de las comunidades abordadas y las relaciones con su entorno
natural.
Inexistencia de una didáctica orientadora de la integridad que entrelace las
actividades y potencialidades del espíritu humano: sabiduría pluridimensional,
hospitalidad en la relación, ciudadanía mundial y trascendencia personal;
apoyada en interacción de saberes con las artes, las humanidades, las ciencias
sociales y los aspectos humanísticos de las ciencias, a lo largo de la vida, en
todas sus facetas.
Pocos espacios de calidad profesional confiable para la autocrítica, el
pensamiento superior, la construcción de sentidos y experiencias trascendentales,
el encuentro intersubjetivo por comunidad indagatoria y diálogo aprendiente, en
torno a los grandes temas sensibles a la existencia humana: la vida, la muerte, el
amor, el sufrimiento, la fragilidad, la amistad, el vacío existencial, los valores, la
vocación a servir más, entre otros.
Desconocimiento y desatención, tanto cívica como formativa, en materia de los
derechos universales del ser humano, de protección ambiental y de la diversidad
de cuerpos normativos y axiológicos que rigen el correcto o el indebido hacer
de determinadas prácticas institucionales.
Muy débil educación sustentable en los diversos ambientes productivos e
institucionales, por carencia de efectivo compromiso y eficacia eco-pedagógica.
La alegría, el buen humor, la risa, la recreación, el sano divertimiento, el goce
biológico, físico y sexual, así como el sobrecogimiento de la bondad entusiasta
y la ternura, es decir, la lúdica como paradigma urgente en la construcción
cotidiana de felicidades propias y compartidas.
Desprovisto reforzamiento en nuestras sociedades del disfrute de las artes,
humanidades y letras, guiado a cubrir esa dimensión contemplativa de la vida
interior humana: la experiencia sensible de la belleza, la vivencia armónica y
vivaz de melodías, rítmica corpórea, narrativas, poética, relatos escénicos,
imaginación, formas, líneas, colores, texturas, en fin, las ricas posibilidades
expresivas del ser profundo en sus distintas manifestaciones artísticas, folclóricas
y culturales.
Inapropiada y desvalorada consideración sobre la capacidad de convergencia
constructiva a los valores universales de la humanidad desde la libre, privada e
individual experiencia trascendental de la Divinidad como práctica de bien
supremo en comunión con los otros y la naturaleza.
Sobre tales acuciantes responsabilidades, cubrimos la necesidad de complementación
de esos factores humanos para la práctica de la integridad, apoyados por los acervos
de vida interior e intersubjetividad colaborativa de los sujetos participantes frente a los
desafíos de su realidad, relativos al gobierno de los inaplazables cambios sociales,
políticos, económicos y culturales, planteados en la dirección o gestión de relaciones
productivas, políticas públicas, de la convivencia ciudadana y del desarrollo humano, a
solicitud de particulares, empresas, gobiernos, entes estatales, organismos multilaterales,
organizaciones no lucrativas y entidades académicas.
Esto compete a toda organización empresarial, gubernamental, sin fines lucrativos o
comunitaria, puesto que se induce a significados, valoraciones y reglas intrínsecas de
interpretación que dan sentido a un conjunto preciso de prácticas, actitudes, maneras
de concebir, motivaciones y disposiciones para la acción, incluso más allá de la
conciencia de sus actores, las cuales cierran o impiden la conveniente circulación de
modos de reconocimiento, cultivo y disfrute de una conveniente Integridad de Vida,
leitmotiv de nuestra propuesta.
Es en la interioridad, nuclear, honda y elevada, donde se anida la potencia, apetencia,
fulgor de la libertad, la responsabilidad como también la fragilidad, la génesis
fecundativa del bien y del mal, las elecciones, valores y acciones humanas, que
finalmente se materializa en los espacios concretos de funcionamiento. De ahí, se
alimenta la imprescindible conjunción de ideas, emociones, capacidades, cualidades y
conductas, para manejar los desafíos corrientes, extraordinarios u hostiles, presentes o
prospectivos, dados por los entornos amalgamados, por demás, con las
contradicciones, carencias y presiones endógenas subsistentes en el sujeto, grupos,
poblaciones u organizaciones.
Ante esto, el CEFIDH, C.A. presenta medios disponibles para trabajar el espíritu
humano encarnado fecundamente a prácticas de bienestar y proyectos de desarrollo. A
tal fin, la empresa instituye el SISTEMA DE ORIENTACIÓN PERMANENTE
HUMANISTA INTEGRAL AUTÓNOMO (SOPHIA), un modelo de educación,
asesoramiento, e intersubjetividad de mutuo apoyo para el desarrollo de la Integridad
de Vida.
El SOPHIA responderá a la necesidad de configurar los sistemas de pensamiento,
decisiones, conductas, competencias, relacionamiento, valores, habitanzas del corazón
y auto-trascendencia, requeridos para el desarrollo de experiencias de progreso, paz y
promoción humana. Se acciona en el marco concreto de necesidades reales, y permite
agenciar factores de integridad de vida en dichas prácticas de bienestar humano y
proyectos de envergadura ambiental, económica o social, consólida entereza,
perseverante compromiso, fe esperanzada, impecabilidad estratégica y consecuentes
mejores prácticas para elaborar significados transformativos que permitan recentrar
nuevos rumbos y logros para nuestra humanidad.